Se dice que el viaje más largo comienza con el primer paso. Y una vez emprendido, como Ulises, se vuelve Dios sabe cuándo. Aquí: los pasos del hombre, el arte, la arqueología, la mirada, la ciencia y las sorpresas de la investigación.
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domingo, 2 de diciembre de 2012
Al asalto invernal de las costas y ciudades españolas
Las delicadas y protegidas playas de las Islas Cíes, un icono de la Galicia verde
No suelo recomendar viajes a nuestro propio país. Comprendo que nuestro turismo interior es fascinante, pero cada cual elige su destino en función de los gustos, pero también de las amistades y otros factores muy
martes, 10 de abril de 2012
Las fuerzas magníficas del agua
Todo el planeta rezuma agua. No debiéramos llamarle Tierra sino Agua a nuestro hermoso planeta azul. Pueden ser unas cascadas que abrazan los desniveles de la orografía. Pueden ser unas cataratas imponentes o el río Duero a su paso por la ciudad lusa de Oporto.
Pero siempre el agua nos depara un trazo de vida y alguna sorpresa.
También puedes visitar nuestro blog de temas, Mariano Digital. Un poco excesivo e incitante, peor siempre con variedad y buen humor.
Pero siempre el agua nos depara un trazo de vida y alguna sorpresa.
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martes, 28 de septiembre de 2010
Oporto y el bacalao
Oporto, por Mónica Fernández-Aceytuno
Nunca había visto tanta gente en Oporto.
Ignoro si es que el domingo era un día feriado, o había más de una boda, porque varias novias posaban para los fotógrafos a la orilla del Duero, que brillaba como los ojos del cormorán, que son de un verde esmeralda, a la luz del mediodía.
En este puerto, se diría que el sol también está amarrado como otra embarcación a un noray, porque su orientación al oeste, hace que se quede allí hasta la última hora del día y es difícil tener los ojos abiertos, de la cantidad de luz que viene del cielo y que se refleja en el río. Todos los balcones que dan a esta orilla, están llenos de ropa tendida, y si bien esto en cualquier otra ciudad daría una imagen terrible, en el puerto fluvial de Oporto queda de maravilla, ver las sábanas volando como trapos de la flota bacaladera en Terranova. La Flota Blanca, le llamaban a estos veleros que faenaban tan lejos y en aguas tan frías.
Poco sé yo de esta pesquería, pero hay un algo que me dice cada vez que pruebo el bacalao en Portugal, que sería imposible cocinarlo de esa manera tan acertada si no hubiera una historia fascinante alrededor de su pesca. Dicen que había un buque hospital, al que llamaban el ángel de la guarda, que iba navegando hasta donde estaban los marineros, para atenderlos de las muchas dolencias que suponía la campaña en aguas tan lejanas y tan frías, y que iba el barco hospital cargado de sal, y volvía a Portugal lleno de bacalao seco y salado.
Es un pescado que jamás me gustó cuando se cocinaba en casa, como si, aún estando en salazón, la lejanía del mar le sentara mal al plato. Pero al probarlo en Portugal, cambió la cosa. No hace mucho lo comí cerca de Valença, en un restaurante apartado, no recuerdo ahora el nombre, donde todo eran mesas alargadas en las que se sentaba mucha gente, y solo daban bacalao a la brasa con patatas. Pocos platos he probado mejores en mi vida. La piel del bacalao, que puede ser rojiza o pardusca según las algas de la zona; o gris, si el bacalao vive en fondos profundos de arena; o verdosa si vive con las hierbas marinas, se presentaba con el crujido que deja el fuego a su paso en las cosas; y luego aparecía la carne del bacalao, abriéndose en capítulos como un libro en blanco.
Pruebas el bacalao en Oporto y aún está allí todo el mérito de aquellos que se iban meses a pasar frío, nostalgia y penurias, mientras en tierra se volvían maestros al cocinarlo para que, tanto esfuerzo, mereciera la pena.
República de las Ideas
Nunca había visto tanta gente en Oporto.
Ignoro si es que el domingo era un día feriado, o había más de una boda, porque varias novias posaban para los fotógrafos a la orilla del Duero, que brillaba como los ojos del cormorán, que son de un verde esmeralda, a la luz del mediodía.
En este puerto, se diría que el sol también está amarrado como otra embarcación a un noray, porque su orientación al oeste, hace que se quede allí hasta la última hora del día y es difícil tener los ojos abiertos, de la cantidad de luz que viene del cielo y que se refleja en el río. Todos los balcones que dan a esta orilla, están llenos de ropa tendida, y si bien esto en cualquier otra ciudad daría una imagen terrible, en el puerto fluvial de Oporto queda de maravilla, ver las sábanas volando como trapos de la flota bacaladera en Terranova. La Flota Blanca, le llamaban a estos veleros que faenaban tan lejos y en aguas tan frías.
Poco sé yo de esta pesquería, pero hay un algo que me dice cada vez que pruebo el bacalao en Portugal, que sería imposible cocinarlo de esa manera tan acertada si no hubiera una historia fascinante alrededor de su pesca. Dicen que había un buque hospital, al que llamaban el ángel de la guarda, que iba navegando hasta donde estaban los marineros, para atenderlos de las muchas dolencias que suponía la campaña en aguas tan lejanas y tan frías, y que iba el barco hospital cargado de sal, y volvía a Portugal lleno de bacalao seco y salado.
Es un pescado que jamás me gustó cuando se cocinaba en casa, como si, aún estando en salazón, la lejanía del mar le sentara mal al plato. Pero al probarlo en Portugal, cambió la cosa. No hace mucho lo comí cerca de Valença, en un restaurante apartado, no recuerdo ahora el nombre, donde todo eran mesas alargadas en las que se sentaba mucha gente, y solo daban bacalao a la brasa con patatas. Pocos platos he probado mejores en mi vida. La piel del bacalao, que puede ser rojiza o pardusca según las algas de la zona; o gris, si el bacalao vive en fondos profundos de arena; o verdosa si vive con las hierbas marinas, se presentaba con el crujido que deja el fuego a su paso en las cosas; y luego aparecía la carne del bacalao, abriéndose en capítulos como un libro en blanco.
Pruebas el bacalao en Oporto y aún está allí todo el mérito de aquellos que se iban meses a pasar frío, nostalgia y penurias, mientras en tierra se volvían maestros al cocinarlo para que, tanto esfuerzo, mereciera la pena.
República de las Ideas
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sábado, 26 de septiembre de 2009
El Algarve, Portugal es una joya a mano y bien de precio



Se acerca el 12 de octubre, una fecha clave para aprovechar los últimos rayos de sol, aunque sea el sol de otoño. Algarve, con su cielo azul y sus agradables temperaturas que no bajan de los 10 grados en invierno, es el destino ideal para los que desean hacer una escapa en el Puente de El Pilar. Motivos no te faltarán para acercarte al sur de Portugal, pues presume de un clima envidiable. Las agradables temperaturas acompañan al viajero todo el año y el sol está garantizado.
Los amantes del deporte tienen a su disposición más de 30 greens, por lo que la región algarvía es ideal para los aficionados al golf, mientras que para los apasionados de los deportes sobre ruedas, el Autódromo Internacional de Portimão es su centro de interés. Deportes náuticos en aguas calmas o mares embravecidos… la oferta en Algarve es muy diversa.
Otra de las opciones para los viajeros más intrépidos es la posibilidad de explorar la Sierra de Monchique en jeep, remontar en barco el Guadiana o adentrarse en la Reserva Natural de Ría Formosa. También puede dejarse llevar por la emoción de descubrir recretos, como el de las típicas chimeneas caladas, emblema de la región, o tocar el «fin del mundo», en el Cabo de San Vicente.
Leer más en La Razón
lunes, 17 de agosto de 2009
El Alentejo, un Portugal lleno de secretos




Enrique Sancho, La Razón-
Contemplando las interminables planicies en las que se pierde la vista, la inmensa llanura sólo poblada por trigales dorados ondeando al viento parece como si aquí, en el Alentejo portugués, sólo hubiera habido eso desde el comienzo de los tiempos: tranquilidad, paz, silencio, nada… Y, sin embargo, estas tierras vieron a hombres primitivos que levantaron sus piedras al sol en forma de dólmenes, que manifestaron su espiritualidad con pinturas en las cuevas, que construyeron monumentos a sus dioses y acueductos para sus gentes, que elevaron castillos y murallas para defenderse de los invasores árabes o de sus no siempre pacíficos vecinos los españoles.
Hoy, sin embargo, esos vecinos son los más asiduos visitantes de estas tierras más allá del Tajo (de ahí viene su nombre), que sorprenden con su toque particular y distinto. Tal vez porque se empeña en conservar esa idea de Portugal alejada del progreso y la modernidad, fiel a sus esencias en las que la fuerza de la tierra marca el tiempo.
Si se entra por el norte, la primera parada es Portalegre. Los siglos XVII y XVIII dejaron en la ciudad un fuerte carácter barroco que aún se conserva en los monumentos, como la iglesia de San Lourenço, y en las casas palaciegas de las que el Palacio Amarelo o el Palacio Achioli son ejemplos notables.
Dormir en una Pousada
A sólo 30 kilómetros está Crato, donde destacan sus dos fortalezas, ambas pertenecientes a los caballeros de la Orden de Malta. Hay que visitar las fuentes del Monasterio y del Álamo, del siglo XV, y la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Pero sobre todo vale la pena hacer una parada en uno de sus castillos, hoy convertido en una de las más bellas Pousadas de Portugal.
Más al sur llama la atención Estremoz. Dominada por el castillo con sus murallas medievales y la antigua ciudadela del siglo XIII, en esta ciudad no faltan lugares de interés, como la capilla de la Reina Santa Isabel o la parte antigua de la ciudad, con sus puertas medievales.
Recortada en el ancho horizonte se encuentra una de las ciudades imprescindibles de Portugal: Évora, con un centro histórico de calles laberínticas, plazas inundadas de luz, fuentes del Renacimiento, patios moriscos, portales góticos, miradores y murallas medievales. Es el eco de las memorias históricas de más de dos mil años.
Desde Évora, vale la pena hacer un pequeño quiebro en dirección a España. A poca distancia, protegida por el castillo del siglo XIV, aparece asentada como un nido de águila amurallado Monsaraz. Este patrimonio nacional de pizarra y cal revela en su pequeña dimensión una gran coherencia arquitectónica y cultural que traslada al viajero a la Edad Media. Llegando al final del recorrido, aparece Beja, con su imponente castillo del siglo XIII que se conserva en perfecto estado y permite recorrer todo su perímetro y subir a su torre, desde la que se divisa la meseta del Bajo Alentejo. Todo un espectáculo para la vista.
- Dónde dormir. La red de Pousadas de Portugal combina alojamientos históricos y servicios de lujo. Teléfono: 902 336 363.
- Más información. Turismo de Alentejo (+351 269 498 680) y www.visitportugal.com.
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domingo, 19 de julio de 2009
Avistando las ballenas de las Azores
El archipiélago portugués tiene mil caras. Navegar acompañando a los delfines que se aproximan al Atlántico, conocer cómo se formó la tierra y descubrir restos de historias de piratas son sólo algunas de ellas
por Eva M. Rull-
Aun paso de España, sin necesidad de pasar largas horas en el interior de un avión, las Islas Azores se presentan como un destino idóneo para vivir en familia, gracias a las bondades de la naturaleza.
Las nueve islas portuguesas que componen el archipiélago se dispersan en tres grupos, manchando de infinidad de verdes la continuidad del mar. Desde las más occidentales, Corvo y Flores, hasta las más orientales, San Miguel y Santa María, saltando entre ellas por el grupo central más compacto, Faial, Pico, San Jorge, Graciosa y Terceira.
Su formación geológica las convierte en un edén donde la naturaleza se ha abierto paso entre volcanes; su ubicación, en paso privilegiado de ballenas y delfines, y su estratégica posición geopolítica, en pasto de piratas y de guerras, encuentros y desencuentros entre mandatarios del viejo y del nuevo continente. Razones que, unidas al desarrollo de un turismo tranquilo y poco masificado, las llena de interés para las familias.
Si te interesa este tema puedes seguir leyendo ... >>
por Eva M. Rull-
Aun paso de España, sin necesidad de pasar largas horas en el interior de un avión, las Islas Azores se presentan como un destino idóneo para vivir en familia, gracias a las bondades de la naturaleza.
Las nueve islas portuguesas que componen el archipiélago se dispersan en tres grupos, manchando de infinidad de verdes la continuidad del mar. Desde las más occidentales, Corvo y Flores, hasta las más orientales, San Miguel y Santa María, saltando entre ellas por el grupo central más compacto, Faial, Pico, San Jorge, Graciosa y Terceira.
Su formación geológica las convierte en un edén donde la naturaleza se ha abierto paso entre volcanes; su ubicación, en paso privilegiado de ballenas y delfines, y su estratégica posición geopolítica, en pasto de piratas y de guerras, encuentros y desencuentros entre mandatarios del viejo y del nuevo continente. Razones que, unidas al desarrollo de un turismo tranquilo y poco masificado, las llena de interés para las familias.
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viernes, 27 de marzo de 2009
Elvas, Portugal

El diario Hoy publica un amplio reportaje en el que se constata el regreso de la saudade. La saudade, que con su manto paralizador todo lo esteriliza , o algo así, dice.
Bueno, supongo que hay mucho de exageración.
Si algún balear o levantino llega hasta Badajoz en su coche, no deje de cruzar la Raya para comer en Elvas una ciudad amurallada magnífica.
Las ciudades amuralladas -quizás porque soy de Ibiza- me dejan admirado.
Elvas conserva fragmentos de la muralla musulmana, del siglo XIII -como en Ibiza- y la actual fortaleza fue acabada en el siglo XVII.
De todas formas, parece muy cierto: Portugal no está boyante.
Pero anda que España, mejor nos conviene callarnos.
Y lo que nos queda con ZP.
Ajoyagua.
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